Más de 100 artistas y 90.000 personas por día consolidaron la edición 2026 en Santa María de Punilla.
Photo credit: Esteban Salino Tarditti
El 14 y 15 de febrero, Cosquín Rock volvió a transformar Santa María de Punilla en una ciudad temporal. Nacido en 2001 en la Plaza Próspero Molina como un festival de rock nacional en territorio históricamente folklórico, hoy reúne más de 100 artistas y una convocatoria masiva. Esa tensión entre origen rockero y escala internacional sigue marcando su identidad.
Incluso cuando por momentos parece un festival europeo, el contexto se impone: se respira Argentina y, sobre todo, Córdoba.
La primera jornada arrancó con los Hermanos Gutiérrez en clave contemplativa. Un comienzo ideal para entrar en ritmo sin estridencias.
En el escenario Norte, Dillom —ya en su cuarta participación— confirmó su peso generacional con un show sólido y directo. Babasónicos siguió con un repertorio de hits y nuevo material, incluyendo una perlita celebrada como “Sin mi diablo”. Oficio y naturalidad en formato festival.
En el escenario Montaña, Franz Ferdinand sostuvo el bloque internacional con una seguidilla efectiva de clásicos de la banda. Convocatoria justa, pogo fluido y un sonido preciso que mantuvo la energía en alto.
Cuando terminó Franz Ferdinand, la expectativa era clara: The Chemical Brothers. El dúo retomó la intro que ya habían utilizado en su DJ set en Knockdown Center NYC. “Open the Door to Your Heart” de Darrell Banks fundido con “Chemical Countdown” puso a todos en sintonía mientras en pantalla aparecía el mensaje: “Hold Tight!”. Una advertencia casi premonitoria de lo que estaba por venir. Desde ahí, el pulso no bajó.
A diferencia de su live show, el formato DJ set apostó por visuales minimalistas y un montaje austero, centrado en luces y formas. Menos despliegue audiovisual, más foco en la pista. El recorrido combinó momentos de club y clásicos propios como “Hey Boy Hey Girl”, “Do It Again” y “Galvanize”. El tramo final —“Star Guitar”, “Swoon”, “It Doesn’t Matter”— condensó esa lógica de tensión y liberación constante. The Chemical Brothers en estado puro: presión, descarga y esa sensación ambigua de necesitar que termine y que no termine nunca.
Victoria Whynot, representante cordobesa, extendió el cierre con un set que incluyó un guiño al rock nacional al arrancar con un remix de “Demoliendo hoteles”, reforzando el pulso local del festival.
El segundo día comenzó con Devendra Banhart en formato solista. Guitarra, diálogo con el público y un clima íntimo que él mismo definió como la parte “yoga” del evento. En medio de una estructura gigantesca, su set funcionó como pausa.
Por la noche llegó el bloque electrónico. Peces Raros tomó el escenario Montaña con banda completa y un show de impacto sonoro y visual. Hubo momentos clave como “No Van A Parar”, “Óxido” y “Nada Para Siempre”. Promediando la presentación, la lluvia comenzó a intensificarse. Algunos se fueron; muchos se quedaron bailando bajo el agua. La escena resumió el crecimiento de la electrónica local en espacios centrales del festival.
Mariano Mellino cerró sosteniendo la pista cuando el cansancio ya pesaba, confirmando el lugar que el género ocupa hoy dentro de Cosquín.
En paralelo, La Plaza Electronic Stage funcionó como espacio dedicado exclusivamente a la electrónica, con nombres como Matthias Tanzmann, Kölsch, Franky Wah, Deer Jade y Brigado Crew, ampliando el recorrido para el público orientado a la pista.
Dentro del aeródromo, Cosquín Rock puede operar como un festival internacional de manual. Pero en la llegada y en la salida reaparece otra dimensión: el pueblo activado, los puestos, los parlantes y los cantos colectivos. Allí se concentra una identidad menos exportable y más doméstica.
La edición 2026 confirmó que el festival puede ampliarse y dialogar con escenas globales sin desprenderse de su acento.
Mirá el registro del festival a continuación y revive el Cosquín Rock 2026 en Disney+ aquí.
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