La primera edición de DJ Rituals comenzó en esa hora silenciosa previa al show. Café, silencio, agua, nervios, bananas, memorias USB y esos pequeños detalles prácticos que ayudan a un artista a mantenerse centrado antes de entrar a la cabina.
Esta segunda edición comienza en un lugar todavía más íntimo: las cosas que los artistas llevan consigo.
No se trata solo de objetos, sino de fragmentos de hogar. Un sabor familiar. Una llamada rápida. Un aroma privado. Una bebida que ayuda a estabilizar el cuerpo. Elementos sencillos, casi invisibles desde afuera, pero capaces de hacer que una habitación de hotel se sienta menos temporal, que un cuerpo cansado recupere algo de energía o que una noche resulte un poco más llevadera.
La vida de gira suele venderse como movimiento. Aeropuertos, escenarios, luces, ciudades, habitaciones y fotografías al amanecer. Pero dentro de todo ese desplazamiento constante, los artistas intentan crear espacios de quietud. El ritual no siempre consiste en prepararse para actuar. A veces consiste simplemente en encontrar una forma de sentirse humano antes de que la actuación lo demande todo.
Para Guy Mantzur, la hora previa al show es un espacio que protege cuidadosamente.
“Creo que la hora antes del show es muy importante para definir cómo se verá y se sentirá la presentación”, explica. “Me gusta que sea un momento libre de sobrepensar las cosas, más relajado y enfocado. Por eso termino de trabajar en el set antes y dejo de escuchar música.”
En lugar de sumar más estímulos, Mantzur dirige su atención hacia adentro.
“Medito, respiro y pienso con los ojos cerrados”, cuenta. “Después suelo llamar a casa y hablar con mi esposa y mi hijo. Eso siempre me ayuda a mantener los pies sobre la tierra.”
Esa llamada importa. En una vida construida alrededor del movimiento constante, el hogar deja de ser únicamente un lugar al que se regresa. Se convierte en algo que se aprende a llevar consigo.

Y, por supuesto, el café también ocupa un lugar especial dentro de ese ritual.
“Cuando viajo, siempre llevo conmigo mi café favorito de casa”, dice. “Me gusta muchísimo y me transporta inmediatamente a mi ciudad natal.”
Ese detalle ya es conocido entre sus colegas más cercanos.
“Todos lo saben. Cuando voy a tocar con Guy J o Sahar Z, suelen llamarme media hora antes del show y decirme: ‘Mantzur, vamos para tu habitación. Queremos tomar de ese café especial’.”
Hay algo hermoso en esa imagen. No es la mitología de la cabina ni la foto del horario central. Son amigos reunidos en una habitación de hotel antes de que empiece la noche, compartiendo un café que sabe a hogar.
Su rider refleja esa misma simplicidad.
“Agua, frutos secos y algunas bananas”, explica. “A veces esas cosas pueden salvarte.”
Para Magit Cacoon, el ritual previo comienza desacelerando.
“Durante la hora antes de salir hacia el club necesito un momento de tranquilidad para reconectarme conmigo misma”, comenta. “Escucho música que no tiene nada que ver con el set que voy a tocar e intento calmar mi mente durante unos minutos antes de que comience la intensidad de la noche.”
Su respuesta refleja una forma distinta de preparación. No es una última revisión técnica ni una inyección final de adrenalina. Es una manera suave de regresar al presente antes de entrar en un espacio diseñado para proyectar energía hacia afuera.
“Eso me ayuda a llegar sintiéndome presente y conectada emocionalmente, no solo preparada técnicamente.”

Cuando habla de su rider, la respuesta vuelve a ser sencilla.
“Algo que siempre me alegra encontrar y que me ayuda a sobrevivir a la noche es el agua de coco”, explica. “Los vuelos largos, la falta de sueño y los cambios constantes de entorno pueden agotarte mucho, así que tenerla conmigo ayuda a que mi cuerpo mantenga cierto equilibrio entre el alcohol y la comida poco saludable que suele acompañar la vida de gira.”
Una vez más, se trata de algo ordinario. Y justamente ahí está la clave. Las giras tienen la capacidad de convertir pequeños detalles cotidianos en verdaderas anclas. Una bebida, un snack, una habitación silenciosa o unos minutos sin exigencias externas. Lo que parece insignificante desde afuera puede convertirse en aquello que mantiene al cuerpo en equilibrio.
Para Rodriguez Jr., el ritual comienza transformando una habitación temporal en algo propio.
“Me gusta sentirme en casa dentro de la habitación del hotel, aunque solo vaya a quedarme unas pocas horas”, cuenta. “Con los años desarrollé pequeños rituales para que cualquier lugar se sienta mío: fotos de mi familia, un palo santo, los tés y productos de cuidado personal con los que siempre viajo.”
Antes de salir hacia el club, esos elementos forman parte de una secuencia tranquila.
Escucha música que no tiene relación con el set, plancha su camisa, prepara té verde de jazmín y toma una ducha fría.
“Las giras pueden ser caóticas, así que esos momentos me ayudan a desacelerar y reiniciar mi sistema operativo.”

Cuando habla de su rider, la conversación adquiere una dimensión más profunda.
“Probablemente sean los shots de jengibre”, dice. “No es algo de lo que hable mucho porque no me gusta sonar moralista, pero después de muchos años de excesos decidí dejar el alcohol hace unos siete años.”
Con el tiempo, esos shots de jengibre adquirieron un significado especial.
“De alguna manera reemplazaron los shots de tequila que solía tomar antes de subir al escenario”, explica. “Producen ese mismo efecto de despertar, esa pequeña sacudida que atraviesa la niebla mental y me ayuda a lidiar con la ansiedad, el estrés y las dudas antes de una presentación. Y además no hay resaca al día siguiente.”
Es uno de esos detalles personales que abren una reflexión mucho más amplia. El ritual no tiene que ver con una imagen de perfección ni con una idea idealizada del bienestar. Tiene que ver con encontrar nuevas formas de enfrentar la misma presión. Los mismos nervios. La misma sala. La misma necesidad de llegar a la cabina con la claridad suficiente para ofrecer algo auténtico.
Lo que conecta todas estas respuestas no es el lujo.
Es el cuidado.
Mantzur lleva consigo el hogar a través del café y su familia. Cacoon encuentra equilibrio en el silencio y el agua de coco. Rodriguez Jr. transforma habitaciones impersonales en espacios propios mediante fotografías, té, palo santo y shots de jengibre.
No son caprichos. Son herramientas.
Pequeñas defensas silenciosas frente a la velocidad de una vida transcurrida en lugares que rara vez se sienten propios.
Desde afuera, el público ve al artista llegar a la cabina. Ve cómo cambian las luces, cómo suena el primer track y cómo responde la pista. Lo que rara vez ve es el trabajo privado que ocurre antes de ese momento: la llamada a casa, la bebida preparada con calma, la camisa recién planchada, los ojos cerrados, el cuerpo intentando encontrar estabilidad antes de que el ruido comience.
Ahí reside la esencia de los Rituales de DJ.
La noche puede pertenecer a la pista de baile, pero la preparación pertenece al artista.
Y muchas veces, las cosas que sostienen todo ese proceso no tienen nada de extraordinario.
Una taza de café.
Una banana.
Una botella de agua de coco.
Un shot de jengibre.
Unos minutos de silencio.
Las cosas que los artistas llevan consigo son pequeñas. Pero cuando se vive en la ruta, las pequeñas cosas pueden salvar una noche.










