Tenía 77 años de edad.
Crédito de las foto: Indio en la Biblioteca por Secretaría de Cultura – Argentina
Carlos Alberto “Indio” Solari, líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, ha fallecido a los 77 años.
Solari fue una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la música argentina, dejando una obra que transformó para siempre la relación entre el rock, la multitud y la cultura popular.
Nacido en Paraná en 1949 y criado en La Plata, Solari construyó, junto a Los Redondos, un fenómeno completamente atípico: una banda independiente, casi sin exposición mediática, capaz de movilizar multitudes gigantescas y de generar un culto popular único en América Latina. Discos como “Oktubre”, “Luzbelito” y “Último Bondi a Finisterre” redefinieron el lenguaje del rock argentino desde la oscuridad lírica, la tensión urbana y una estética profundamente personal.
Más allá de las guitarras, el bajo y la batería, su obra también exploró territorios sonoros cercanos a lo industrial y lo electrónico. Programaciones, sintetizadores, sampleos y estructuras repetitivas comenzaron a desempeñar un papel cada vez más importante tanto en la última etapa de Los Redondos como en su carrera solista. Esa búsqueda ayudó a construir una atmósfera densa y cinematográfica que dialogó con sensibilidades contemporáneas mucho más amplias que el rock tradicional.
Los recitales del Indio se convirtieron en rituales multitudinarios. En distintos momentos de su carrera reunió más de 300.000 personas, transformando cada show en una experiencia colectiva difícil de comparar dentro de la música argentina.
Tras revelar, arriba de un escenario y hablándole directamente a su gente, en 2016 que padecía Mal de Parkinson, Solari fue alejándose progresivamente de los escenarios, aunque su figura nunca dejó de ocupar un lugar central en la cultura popular. Su muerte representa el cierre de una era, pero quizás allí radique su verdadera dimensión: haber construido una obra capaz de sobrevivir al tiempo, a las modas y a su propia ausencia.
Un universo donde la multitud encontraba identidad, ruido, oscuridad y belleza al mismo tiempo. Porque si algo dejó claro su recorrido, es que “nadie es capaz de matarte en mi alma”.









