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Música, Desconectar Para Conectarse

Música, desconectar para conectarse

En un mundo que arrasa y no se detiene, momentos cómo los que genera la música son necesarios. Es raro porque te conectas con los sonidos, el contexto, con la energía que te rodea, pero al mismo tiempo te estás aislando de un sistema insensible a la humanidad.

Las diferentes percepciones, opiniones, y acciones no son un problema en sí, el punto de quiebre sucede cuando creo que mi manera de ver las cosas es la única razonable. Entonces en vez de utilizar las diferentes miradas para enriquecernos mutuamente, nos trabamos en una batalla para definir quién tiene razón.

Pasa en la política, en la religión, en el fútbol, y claro que también la música se ve afectada por sus divisiones. Porque dentro de la música hay una extensa variedad de géneros, incluso entre de la música electrónica se desprenden distintos estilos que poco tienen que ver uno con el otro.

Pero es justamente ahí donde las diferencias tienen que fusionarse, donde tenemos la posibilidad de respetarnos y aceptarnos más allá de nuestro gustos. Dejar de lado el fanatismo, que aleja más de lo que acerca, y centrarnos en las cosas que nos conectan pero a la vez nos desconectan.

Juntarte con tus amigos, compartir festivales, eventos electrónicos, ya sea durante la tarde o por la noche, en formatos al aire libre o en clubes, en grandes metrópolis o lugares paradisíacos alejados de todo, siempre habrá un lugar donde poder desenchufarte.

Ese sitio donde te elevas, donde te olvidas de todo, donde el idioma es universal y no se distinguen los estratos sociales, ni el color de piel, no importa de dónde venís o a dónde vas, sino que la música se ofrece cómo un enlace para que surjan sentimientos que se esconden entre tanta vorágine.

La música además de ser un gran centro terapéutico, es un conector directo a las emociones, liberadora como pocas cosas en esta vida. Se desprende un sentimiento difícil de retratar en palabras, concentrado en lo abstracto, lo irreal, fuera de toda consigna rutinaria y fría.

El amor, el respeto, la amistad, los valores que parecieran estar tapados de tanta tecnología e ideología, renacen cada vez que una pista vuelve a sonar, cada vez que las almas se conectan a través de una melodía y no existe pasado presente ni futuro, porque la música es para siempre.

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